La semana pasada te comentaba lo difícil que es elegir por dónde decantarte laboralmente y te daba algunas claves para decidirte. Las dudas son normales, porque la Biología es una ciencia enormemente amplia, a la par que fascinante, con muchas más salidas laborales de las que uno piensa. Sin embargo, una vez elegido lo que te gusta no terminan ahí los problemas. Lo más normal es que te gusten varias cosas a la vez. Pero no puedes dedicarte a todas… ¿O sí?
Hoy voy a hablarte de las ventajas e inconvenientes de cambiar de dirección durante tu trayectoria profesional. ¿Es bueno cambiar de una área a otra? ¿Puedo cambiar de objeto de estudio o de disciplina? ¿Hasta qué punto es bueno para mi currículo probar distintas ramas? Acomódate que esto va para largo 😉
Cuando todo te gusta
Si eres de los que se preocupa porque no sabe si alguna otra rama de la biología puede resultarte tanto o más fascinante que la que ahora ocupa tus anhelos o tu tiempo, entonces este post es para ti 😉 Pero quizás seas uno de esos afortunados que siempre han tenido claro lo que quieren hacer y estás en el camino directo para conseguirlo. Entonces, en ese caso, también te interesa seguir leyendo este post 😛 Y es que, como te irás dando cuenta, no es lo mismo hacer algo por afición que dedicarte a ello en cuerpo y alma. Y cualquier trabajo, por bonito que sea, llega un momento en que te puede llegar a saturar.
A quienes nos apasiona la Biología es muy raro que sólo nos guste algo concreto. Esto es así por una sencilla razón: en Biología, como en la propia vida que estudia, todo está relacionado. Hay interconexiones en todas partes, no hay compartimentos estancos. Hasta los más grandes especialistas de una determinada materia necesitan de elementos de otras ramas (y de otras disciplinas distintas a la biología) para llevar a cabo su trabajo.
Esto es una enorme ventaja para la persona curiosa, que disfruta aprendiendo, experimentando y descubriendo nuevas cosas (y si estás leyendo este blog seguro que eres uno de ellas). Sin embargo, el tener tanto dónde elegir puede generar cierta ansiedad:
¿Me estaré perdiendo algo más interesante? ¿Y si hay algo mejor que lo que estoy haciendo? Es que me gustan tantas cosas…
Puedes relajarte. No sólo vas a tener que probar distintas áreas durante la carrera y, especialmente, durante tu desarrollo profesional, sino que seguramente te verás obligado a ellos, ya sea por avatares del destino, por imposición de las circunstancias o por una meditada decisión persona.
¿Por qué cambiar?
Ya reza el dicho «Más vale malo conocido que bueno por conocer» y por algo le llaman sabiduría popular, ¿no? Pero eso quizás valdría hace un par de décadas, cuando lo normal era comenzar a trabajar en una empresa o en una institución y hacerlo allí durante el resto de nuestros días. Si tenías suerte y era el trabajo de tu vida lo disfrutabas. Si por el contrario te habías equivocado en tu elección, estabas bien jodido. Sin embargo, hoy en día la situación es muy distinta. Todo evoluciona a una velocidad enorme. Internet nos ha conectado con literalmente cualquier parte del mundo, difuminando los límites y las fronteras geográficas. Nunca tanta información ha estado tan al alcance de nuestra mano, a un par de clics de ratón (o en una pantalla táctil).
Este mundo de vertiginoso cambio nos ha abierto nuevas puertas al modo en que se relacionan empleado y empleador, así como nos ha proporcionado muchísima más información sobre múltiples campos, favoreciendo la multidisciplinaridad tanto en equipos de trabajo como a nivel personal. De este modo estamos más preparado para todos esos cambios a los que nos enfrentamos y, de paso, alimentamos nuestra curiosidad 😛 Esta accesibilidad a la información nos permite explorar nuevas ramas y disciplinas a un coste muy bajo tanto en términos de tiempo como de dinero. Antes, cuando necesitabas algo relacionado con otra disciplina consultabas a un experto. Ahora se lo puedes preguntar a Google 😛
Esta curiosidad puede llevarnos a querer profundizar en nuevos áreas que se han cruzado en nuestro camino mientras realizábamos algún proyecto. Lo normal es que se trate de algo cercano a lo que ya estás realizando, o simplemente una oportunidad que te surge de forma tangencial debido a la naturaleza de tu trabajo. Sea como fuere puede ser la chispa necesaria que ponga en marcha el motor del cambio.
Por otra parte, muchas áreas de la Biología conllevan una enorme dedicación en términos de tiempo y esfuerzo. Los horarios de 35 a 40 horas semanales y fines de semana libres son más la excepción que la norma en numerosas ramas, especialmente en la empresa privada y en el mundo de la investigación. Y eso puede ser agotador, sobre todo a nivel mental. Así que determinadas situaciones de estrés prolongado pueden convertir el cambio de rumbo en una cuestión prioritaria para la propia salud de uno 😛
Finalmente, a veces es cuestión de azar que te surja la oportunidad de cambiar a un área totalmente distinta a la que llevas trabajando hasta ahora. Tal vez pierdas tu trabajo y encuentres uno nuevo, tal vez sea alguna oferta que mejore tu situación actual. Sea como fuere, es algo que no depende enteramente de ti y aparece en el momento justo.
¿Cualquier cambio es válido?
Sí y no. Me explico. Habrá veces que no te quedará opción, independientemente si ese cambio es coherente con el resto de tu trayectoria profesional. Pero si el cambio es muy grande y es voluntario deberás sopesar cómo se adapta a tu trayectoria profesional. Recuerda que la línea que separa a un profesional generalista y adaptativo de uno cuyo currículo es un rosario de cosas sin sentido puede llegar a ser muy difusa a veces.
En general, los cambios pueden ser sanos, pues ayudan a completar tu currículo con nuevas habilidades y conocimientos. Sin embargo, tienes que intentar que esas nuevas habilidades y esos nuevos conocimientos estén hilados de alguna forma con los que ya poseías, que los complementen. Un cambio siempre debe sumar, debe hacer que cualquier transición en tu currículo sea suave, lógica, y no crear compartimentos independientes, experiencias totalmente aisladas la una de la otra. Porque eso resta eficacia a tu currículo profesional en la inmensa mayoría de los casos (¡aunque no en todos!). ¿Quién dijo que esto fuera fácil? 😛
En mi currículo, por ejemplo, no viene mi primer trabajo de tres días como técnico de hardware montando ordenadores 😛 Sí, la informática es muy importante hoy en día, pero obviamente desentona con el tipo de trayectoria hacia la que he pretendido enfocar mi carrera. Y, sin embargo, en mi currículo sí que aparece este blog, a pesar de que se aleja bastante del resto de mi trayectoria profesional. Pero, aunque distante, sí que ofrece información importante y relacionada con mi trayectoria: conocimiento de internet, interés por la divulgación, una experiencia profesional demostrada en los posts, un conocimiento de la profesión, una capacidad de adaptarme a las nuevas herramientas de hoy en día. Y además encaja con mi nuevo objetivo 😉
Tipos de cambio
No todos los cambios son igual de importantes ni tienen las mismas consecuencias sobre tu carrera. Se podrían clasificar de un montón de formas distintas, pero para hacernos una idea usaré esta sencilla clasificación:
1. Cambio de modelo de estudio
Típico del ámbito de la investigación, cuando estás estudiando la misma disciplina pero cambias tu objeto de estudio. Por ejemplo, alguien que ha estado estudiando ecología evolutiva en aves y de repente da el salto y comienza a hacerlo en peces. Puede parecer un gran cambio, pero no es así. Sigues usando las mismas herramientas y sigues estudiando las mismas cosas (o similares :P). Eso sí, puede requerir de un periodo de adaptación al nuevo bicho o planta en cuestión, pues cada especie modelo tiene sus propias particularidades.
Pero en el fondo, a nivel curricular, el cambio no es tan grande. Muchos científicos estudian diferentes especies tanto secuencial como simultáneamente. Y no todos los organismos son igual de útiles para estudiar determinadas cosas. Por eso puedes verte obligado a cambiar de especie de cuando en cuando ;). Y esto es válido no sólo en ciencia, sino para cualquier tipo de trabajo que emplee distintos elementos para conseguir fines similares (por ejemplo, censar distintas especies de mamíferos para una consultoría mediomabiental o aplicar distintas metodologías didácticas para transmitir los mismos conceptos a públicos diferentes).
2. Cambio de rama o disciplina
Estos tipos de cambios pueden ser más o menos grandes, en función de lo mucho o poco que se aleje de tu trabajo original. Generalmente, estos saltos se suelen producir por algún enfoque multidisciplinar que te hace interesarte por otro materia o línea de investigación distinta a la tuya.
Estos cambios pueden ser muy interesantes por dos motivos: primero la novedad, que suele dar una buena dosis de energía y curiosidad; segundo la ampliación de tu currículo. El moverte en diversos campos relacionados demuestra tu adaptabilidad y tu capacidad para integrar conocimientos desde distintas áreas.
Sin embargo, tampoco es cuestión de ir de flor en flor. La variedad está bien en el currículo, no así el caos. Procura que tu línea de trabajo o de investigación siempre siga una línea definida, aunque tengas algunas en paralelo.
Lo mismo se aplica a la empresa privada (y en cualquier otro ámbito de la Biología). Si estás en el ámbito de la consultoría, por ejemplo, tienes una gran variedad de opciones disponibles, cada una con su propia metodología: evaluación de impacto ambiental, elaboración de modelos en GIS, censos de distintos tipos de fauna y flora, pescas eléctricas, radioseguimiento… Estaría bien poder ser un especialista en todas ellas, pero es casi imposible. Intenta centrarte en algunas, a ser posible relacionadas entre sí, como por ejemplo censos de mamíferos terrestres, de desmán ibérico, de nutria… No seas simplemente aprendiz de todo y maestro de nada. Especialízate en alguna disciplina.
3. Cambio de área.
Estos cambios son más grandes y drásticos. Entre las razones que te pueden llevar a dar ese tipo de saltos están el propio mercado laboral, altamente inestable y conflictivo. Pero también puede ser una decisión personal, fruto de la falta de motivación, que te lleve a dar un nuevo rumbo a tu vida.
Hay que tener cuidado con este tipo de cambios porque, si no lo realizas correctamente, puede que tengas que empezar de cero tu currículo (o casi). Y es que, dadas las diferencias entre estas áreas, el orden en que realices el cambio puede ser muy importante: la experiencia ganada en un área A puede ser útil (total o parcialmente) en otra área B. Pero si el salto se produce de B hacia A quizás la experiencia no tenga por qué ser aplicable. Te explicaré mejor con un ejemplo:
Si estás trabajando en la Academia y decides pasarte a la empresa privada, toda la experiencia que has adquirido en la redacción de textos formales, búsqueda de bibliografía, manejo de animales, elaboración de proyectos, publicaciones científicas… podrían resultarte valiosas en tu nuevo empleo. Sin embargo, si provienes de la consultoría, por ejemplo, mucha de la experiencia acumulada no te será útil en términos académicos, igual que muchas de las publicaciones, que son en revistas divulgativas fuera del JCR.
Igual ocurre si vas desde la Educación a la consultoría medioambiental, o desde la educación a la academia. Muchos de los logros que hayas hecho en tu carrera no te servirán para el nuevo rumbo y tendrás que hacer tabula rasa y comenzar de nuevo. Por ese motivo es muy importante tener claro si a nivel laboral te va a merecer la pena ese cambio. Te juegas mucho en ello.
4. El cambio radical.
Aunque parezca mentira, este tipo de cambio es mucho más común de lo que piensas. Muchas veces nos encontramos en un callejón sin salida, en una situación que no nos gusta, encerrados en un trabajo que no nos llena o que nos impide realizarnos a nivel personal porque devora nuestro tiempo y nuestro ánimo. O simplemente, nos damos cuenta de que nos hemos esquivado y que hemos seguida la dirección equivocada.
Esto suele implicar un cambio de dirección dramático en tu carrera laboral, algo que no tiene nada que ver con lo que has hecho hasta ahora. En esto momentos, sin embargo, la coherencia del currículo es lo de menos. El cambio se convierte en algo vital per se. Nuestra vida, nuestro bienestar, nuestra paz mental, dependen de ello. Mucha gente teme a este tipo de cambios (con razón), quedándose paralizados por el miedo y dejándose llevar por la situación, que finalmente se perpetúa en el tiempo. Pero a veces son fundamentales y pueden encerrar la clave para recuperar nuestra vida.
Mi experiencia personal
Desde que comencé la carrera me gustó el mundo de la investigación. Di mis primeros pasos en la Academia gracias a mi colaboración con el grupo de investigación de biología evolutiva que había en mi universidad. Descubrí que aquello me gustaba y estuve colaborando con ellos hasta que terminé la carrera. Pero entonces llegó mi primer cambio: una oferta de trabajo en la empresa privada, en una consultoría ambiental. Estuve varios meses colocando cajas nidos para paseriformes en el Parque Nacional de Monfragüe y para carraca (Coracias garrulus) y primilla (Falco naumanni) en otras zonas protegidas de Extremadura. Fue una experiencia interesante, tanto a nivel personal como para hacerme una idea de todo lo que se cuece en el ámbito laboral (lo bueno y lo malo).
Sin embargo, la investigación me seguía llamando y surgió la posibilidad de irme a hacer el doctorado a Bolivia (segundo cambio y vuelta a la Academia). Por diversos motivos, incluida un pequeña revolución justo donde me iba a quedar, tuve que abandonar esa idea, así que hice mi primer intento de conseguir una beca predoctoral de Formación del Personal Investigador (FPI) en España pero sin éxito (quedé el segundo). Sin embargo, sí que conseguí un puesto de técnico de apoyo a la investigación en la universidad de Granada. De ahí fui hilando puestos de técnico y becas hasta lograr la ansiada FPI y con ello, iniciar el doctorado soñado. Ahí me mantuve varios años y fue cuando me formé realmente como investigador, interesándome también por la competencia espermática (tercer cambio) Hasta que llegó la crisis y las circunstancias me obligaron a aceptar una trabajo en una consultoría medioambiental (cuarto cambio), ya que se me acababa la financiación de la beca y no había muchas opciones de hilar con otra.
La época en la consultoría me sirvió para desintoxicarme de la carga personal y anímica que me había supuesto los últimos años del doctorado. Aprendí mucho en este nuevo campo y me hizo crecer como profesional, mientras seguía con la tesis y publicando como co-autor de cuando en cuando, además de asistiendo a algún congreso. Finalmente terminé con la tesis y ahora mismo me encuentro en un nuevo proceso de cambio (el quinto ya) que aún no sé dónde me llevará. Muchas cosas en el horizonte pero todas por definir aún jeje.
Personalmente, estos cinco cambios (sin contar las veces que he cambiado de especie de estudio :P) me han aportado muchas muchas cosas, todas positivas. Bien es cierto que buena parte de lo que he hecho en la consultoría ambiental no me ha valido para mi currículo científico, pero sí como profesional de la biología. Sin embargo, muchas de las cosas que he aprendido y de las habilidades que he desarrollado en mi trabajo en la Academia me resultaron muy útiles en la consultoría. Y es más, si ahora me decidiese a dedicarme a la educación, por ejemplo, todo lo aprendido y logrado hasta ahora en todos los ámbitos me sería muy útil de cara a aplicarlo a las clases.
Hoy en día estoy en un proceso de profundo cambio y este blog es hijo de este tiempo. Mis objetivos han cambiado radicalmente, como lo han hecho mis prioridades. Estoy sumido en medio de un giro radical y profundo. Un cambio para el que, curiosamente, todos mis anteriores trabajos me han preparado, incluso sin yo saberlo. Porque siempre he perseguido mi objetivo, porque siempre me he mantenido fiel a él. Y es que lo más importante no son los objetivos, sino el camino que recorres para llegar a ellos.
Concluyendo
Como ves, no existe una camino bueno ni marcado. Todo depende lo que nosotros busquemos conseguir, de a dónde queremos llegar. Es muy importante empezar a plantearse estas cosas desde la carrera, por muy pronto que te parezca. Conozco a gente que ha estado trabajando muchos años en investigación, hicieron un doctorado por ser la salida natural y finalmente decidieron dejarlo todo por completo. Pero se han encontrado que, más allá de la carrera y la investigación, no tenían experiencia en nada más, no sabían qué otra cosa podrían hacer. Y te aseguro que no quieres ese futuro para ti.
¿Esto significa que debes elegir sí o sí el primer año de carrera y obcecarte en ello? No y rotundamente NO. En lo que te tienes que centrar es en pensar qué quieres hacer, qué es lo que realmente te gusta, lo que sueñas estar haciendo de aquí a 10, 20, 50 años. Pero no te agobies por el tiempo porque, como te he dicho, ese objetivo que te marques no estará escrito en piedra, irá cambiando con el paso del tiempo, igual que cambiarás tú. Pero sí debes centrarte en algo que de verdad te apasione en este momento. La carrera es el mejor momento para experimentar, para probar, para aprender. Y para dar los primeros pasos en la dirección adecuada.
Sí, hay posibilidades de cambiar de rumbo, y a veces es muy saludable, laboral y anímicamente hablando. Pero siempre y cuando tengas claro que te mantienes en la dirección que quieres recorrer. Siempre que seas consciente de adonde vas y siempre que no te dejes llevar simplemente por impulsos o consejos ajenos a lo que realmente persigues. Si eres fiel a ti mismo estos cambios vendrán solos y de forma natural. Prueba, experimenta, arriesga, pero no vayas como pollo sin cabeza.
Si para conseguir tu objetivo tienes que hacer un cambio radical, no lo dudes y hazlo. No tengas miedo. Podrá salir bien o mal, pero si es algo que realmente quieres, algo que realmente necesitas, te será enormemente útil y aprenderás mucho en el proceso. Pero lo más importante de todo es que estarás tomando el control de tu vida, estarás tomando la iniciativa frente a las circunstancias. Y esa sensación no tiene precio, créeme 😉 Y sobre todo, graba esto a fuego en tu cabeza: Nunca es demasiado tarde para hacer lo que realmente quieres.
Ahora te toca a ti contarme qué opinas de los cambios. ¿Crees que cualquier cambio es bueno? ¿Has hecho algún cambio de rumbo importante en tu carrera? ¿Estás sufriendo ahora algún proceso de cambio de los que describo en este artículo? Cuéntamelo y compártelo con el resto de los lectores. Seguro que mucha gente está en la misma situación que tú y entre todos podemos ayudarnos 😉
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