julio 6

Un día monitorizando una colonia de hirundínidos

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Buena parte de mi vida profesional la he pasado estudiando dos especies de hirundínidos migradores: la golondrina común (Hirundo rustica) y el avión común (Delichon urbicum). Y para ellos monitorizábamos sus respectivas colonias, desde el momento en el que llegaban los primeros individuos hasta que dábamos por terminada la temporada reproductora.

Monitorizando colonias de hirundínidos

Es un proceso largo y que requiere una enorme inversión de tiempo y esfuerzo, pero que a cambio te proporciona una gran cantidad de información, de datos, y la posibilidad de realizar estudios experimentales muy interesantes. Por eso hoy te voy a contar cómo es un día trabajando en una de estas colonias.

La estacionalidad

Una de las características más importante de este tipo de trabajo es su marcada estacionalidad. Todo el trabajo de campo se concentra en apenas 5 meses de actividad frenética, mientras el resto del año se realizan labores de gabinete: procesado y análisis de datos, elaboración y publicación de artículos científicos.

Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes: si te gusta el campo, vas a tener todo el que quieras y más durante esos meses. Pero a cambio, el resto del año te vas a ver relegado a trabajar desde tu escritorio, estudiando dando forma a todos los datos que has ido recopilando.

Además, este ritmo de trabajo intenso provoca que, a menudo, haya que realizar largas jornadas de campo, con horarios que para nada se adaptan a los de un trabajo convencional. Dado que la recogida de datos durante la época reproductora se ve reducida a unos pocos meses al año (que pueden ser bastante menos en otras latitudes), hay que concentrar todos los esfuerzos en esa época, aunque implique el tener que acoplar tus ritmos al de la especie que estés estudiando. No hay otra manera de hacerlo.

Volverán las oscuras golondrinas…

Pues sí, mi temporada de campo comenzaba, como decía Bécquer, cuando las golondrinas volvían de sus cuarteles de invierno en África. Cuando se acercaba la fecha, había que hacer visitas esporádicas para detectar el momento en que llegaban los primeros adultos, que solía ser alrededor de finales de febrero.

A partir de ese momento, comenzábamos a capturar adultos mediante el empleo de redes japonesas colocadas estratégicamente, según la especie. Por ejemplo, en el caso de las golondrinas, que criaban en un cortijo, la noche anterior cerrábamos puertas y ventanas de las habitaciones donde hacían los nidos para, al día siguiente bien temprano, colocar la red en la puerta y abrirla, para que todos los individuos fuesen cayendo al tratar de salir al exterior. Con los aviones, que criaban en el exterior de un edificio, colocábamos las redes en zonas de paso, para atraparlos cuando volvían a los nidos.

Datos, datos y más datos

Independientemente de los experimentos que se fuese a realizar (o no) ese año, cada temporada de campo intentábamos capturar todos los adultos de la colonia y anillar todos los pollos nacidos, llegando a capturar más del 98% de todos los individuos año tras año. Esto es así gracias a las peculiares características de nuestras colonias, que no sólo eran muy accesibles sino que, en el caso de la de golondrina, al estar en un cortijo, nos era muy sencillo controlar las habitaciones ocupadas por las aves.

Como te imaginarás, esto supone una enorme cantidad de datos. Cuando capturábamos un individuo tratábamos de conseguir la mayor cantidad de información posible. En primer lugar, los anillábamos con una anilla metálica numerada y una combinación única de anillas de colores de PVC, de modo que también pudiéramos reconocerlo mediante observación directa.

Una vez que teníamos al animal identificado, se tomaban toda una serie de medidas corporales, tales como la longitud del pico, el tarso, la quilla, el ala, la envergadura, el peso o la longitud de las rectrices externas e internas. También se podían medir otra serie de rasgos, en función del estudio que se estuviese realizando, como puede ser el número de ectoparásitos que se aprecian en las plumas (tanto ácaros como malófagos).

Por si fuera poco, también solíamos tomar una muestra de sangre, tanto para el cálculo del hematocrito como para ver el número y tipo de parásitos sanguíneos. En ocasiones, según el estudio, también tomábamos una muestra de plumas o incluso una muestra de esperma, que serían analizadas posteriormente en el laboratorio.

Pero no sólo hay que llevar un control de los adultos, sino también de los pollos. Hay que calcular muy bien las edades, ya que es necesario anillar a los pollos y tomarse una muestra de sangre cuando son suficientemente grandes como para colocarles la anilla que le debe durar toda la vida, pero no tan grandes como para que salgan volando antes de que puedas anillarlos.  Además, si cada pareja tiene entre 10 y 15 pollos estación reproductora, imagina la enorme cantidad de trabajo y de coordinación que implica, ya que todo esto se solapa con los estudios que se hacen de los adultos.

Arriba y abajo, arriba y abajo

Teniendo en cuenta cómo construyen sus nidos, buena parte del trabajo en las colonias de hirundínidos consistía, principalmente, en subir y bajar escaleras. Necesitamos acceder directamente a los nidos, bien sea para llevar un control de la puesta (cuando se pone el primer huevo, cuando se pone el último, cuántos huevos se han depositado, el día exacto de su eclosión o cuando hay que anillar a los pollos).

Para obtener toda esta información, había que realizar visitas periódicas a la colonia, de tal manera que molestásemos lo menos posible a los animales pero que podamos llevar un control exacto de la evolución de cada evento reproductivo de cada pareja, lo que supone un control cada dos o tres días.

Teniendo en cuenta que las colonias pueden llegar a incluir varios centenares de parejas, que en latitudes como la de España cada pareja puede tener hasta tres puestas de 5 huevos en una única estación reproductora y que cada pareja inicia la puesta en el momento que cree conveniente, imagina el control tan estricto de los tiempos que hay que tener para asegurarte de que todos los datos son comparables y la de veces que uno tiene que subirse o bajarse de la escalera jeje.

¿Quien es el padre?

Algo muy importante a la hora de hacer estudios en este tipo de colonias es poder asignar con seguridad la paternidad de los distintos pollos. No sé si alguna vez has tenido la oportunidad de ver una de estas colonias, pero seguramente has visto volar a alguna golondrina (u otro hirundínido) y te darás cuenta de que entran y salen, van y vienen, a una gran velocidad. Y si tienes casi un centenar de nidos, no es sencillo averiguar quién es quién en esto de la paternidad 😉

Si recuerdas lo que te he contado antes, a las golondrinas les poníamos unas anillas de colores que permitían su identificación visual. Así que, armándonos de paciencia y un buen par de prismáticos, nos colocábamos en un hide en medio de la habitación y, mediante la observación continuada de cada nido, íbamos identificando a los adultos que entraban en cada nido.

Se trata de un trabajo ímprobo, que requiere muchas horas de observación, ya que no es raro que los machos puedan intentar colarse en otro nido para echar una canita al aire, lo que dificulta las labores de identificación de los progenitores. Pero con un trabajo de observación cuidadoso, siempre se termina descubriendo a los verdaderos padres (y a algún que otro bígamo, que andaba a dos nidos a la vez :P).

En el caso de los aviones, este proceso es algo más sencillo, ya que la estructura del nido es distinta. Al tener sólo un pequeño agujero de entrada, podíamos llegar de noche, cuando sabíamos que los dos adultos están dentro del nido con los pollos, tapar esa entrada y volver al alba del día siguiente, para abrirla, capturar a los padres y liberarlos rápidamente, de modo que puedan salir a cebar a los pollos inmediatamente.

El resultado

Pues el principal resultado de este trabajo, sobre todo si este esfuerzo se mantiene en el tiempo, es una enorme base de datos con miles de registros morfológicos, de éxito reproductivo y de parentesco. Esto es una herramienta de valor incalculable para cualquier científico, pues te permite hacer toda una serie de estudios longitudinales que, bien combinados con una serie buenos experimentos, puede llevarte a obtener una gran cantidad de información valiosa y una buena colección de artículos científicos.

Son muchos los grupos de investigación que trabajan en una determinada zona, con una o varias colonias de distintas especies, o todo un conjunto de cajas-nido colocadas en el área, como en aquel proyecto en el que participé como técnico de campo en Suecia.

Son proyectos muy grandes, pero que también deben ser financiados a largo tiempo, lo que no siempre es sencillo a corto plazo. Pero si tienes la posibilidad de trabajar en unos de estos proyectos, no sólo vas a aprender mucho sobre la ecología de la especie en cuestión, sino sobre el propio método científico.

Se trata de una experiencia tan enriquecedora como agotadora y que, personalmente, me ha marcado y me ha aportado mucho a nivel profesional. Una experiencia apasionante que, si no se organiza bien, puede convertirse en un caos total y dar al traste con toda una temporada de campo y con todos los datos que se han ido recopilando. Así que ojito a la hora de organizarte y mantener al día el calendario.

Y hasta aquí con el post de hoy. Hacía tiempo que no escribía y, aunque sigo estando aún más liado si cabe, ya lo echaba de menos. Así que cuéntame: ¿qué te ha parecido el artículo? ¿Tienes experiencia en esto de estudiar alguna colonia de aves? ¿Te gustaría trabajar en algún proyecto de este tipo? No te cortes y cuéntame tu experiencia, bien en los comentarios o mandándome directamente un correo 😉

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Tags

artículos científicos, aves, avión común, biología, ciencia, colonia, datos, estudios, golondrina, hirundínidos, reproducción


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