Todos tenemos miedo a fracasar, a caer, a perder. Tenemos miedo a no conseguir nuestros objetivos. Tenemos miedo a equivocarnos, a tomar el camino erróneo y darnos cuenta demasiado tarde. Y es algo normal. Sí, no te preocupes. A todos nos pasa: a ti, a tus padres, a tus amigos, a mí. Da igual lo seguro que seamos de nosotros mismos. Da igual que en un momento dado pensemos que nos vamos a comer el mundo. A la hora de la verdad todos nos acongojamos y deseamos secretamente no tener que pasar por un determinado trago.
Pero el valor, la fortaleza, no están en no sentir miedo. Están en saber afrontarlo. Y es que, querido lector, tarde o temprano fracasarás. La vida está llena de pequeños y grandes fracasos, de amargas decepciones. Y siento decirte que el camino que escogemos los biólogos no sólo no está exento de ellas, sino que además abundan, esperándote detrás de cada esquina, después de cada examen, con cada experimento cuidadosamente preparado, tras el envío de cada artículo, con cada currículo que envíes.
Por tanto, si te quieres dedicar a la biología, tendrás que aprender a lidiar con la decepción y el fracaso. Suena un poco catastrofista, pero es la principal causa de abandono en nuestra profesión. No todo el mundo encaja igual este tipo de golpes y, uno tras otro, puede llevarte lentamente al hastío y la desesperación.
Asume que vas a fallar
Este es, quizás, el consejo más importante que te puedo dar de cara a decidir si esto de la biología va a ser lo tuyo o no. He comentado innumerables veces lo dura que puede resultar esta profesión, como el desánimo es fácil que cale hondo y que termines abandonando algo que antes de apasionaba. No pretendo desanimarte, pero sí quiero que seas consciente de que no todo te va a salir rodado, que no siempre tendrás éxito en todo aquello que emprendas en este mundo.
Son muchas las fuentes de decepciones en este complicado proceso de ser biólogo. Desde los mismos estudios, incluyendo esa decepción inicial que muchos sufrimos al comenzar la carrera, hasta los papers rechazados, las becas que se te escapan por unas décimas o aquellos proyectos que, tras meses de un duro trabajo de preparación, finalmente no has conseguido. El conocer de antemano esto te permitirá prepararte mejor no sólo para asumirlos, sino para convertirlos en acicate para seguir intentándolo más duro.
Quítale hierro al fracaso
Muchas veces pensamos en el fracaso como algo absolutamente negativo. Sin embargo, los proyectos fracasados también nos sirve para aprender cosas en el camino y, en ocasiones, puede llevarnos a descubrir nuevas metas, nuevas vocaciones. Lo que está claro es que si nunca lo intentas, nunca avanzarás, nunca lo conseguirás.
En España los fracasos son profundamente negativos. Eso hace que los ocultemos a todos. A nadie le gusta fracasar. Pero eso también provoca que cuando alguien tiene éxito parece que lo consigue de la nada. Por eso, este profesor de Princeton decidió publicar un currículo de sus fracasos antes de lograr el éxito: los artículos rechazados, las universidades que no le habían contratado… Y es que es el pan nuestro de cada día. No te digo que tú tengas que hacer tu currículo de fracasos fatídicos, pero sí que debes entender que será algo común en tu camino para trabajar en biología.
Lo importante es el camino: fracasa con estilo
Se suele decir que se aprende más de los errores que de los aciertos. No creo que sea siempre así. Pero es cierto que en el proceso (a menudo largo) de intentar alcanzar cualquier meta se aprende mucho. Tienes que planear, buscar información, organizarla y ponerla en práctica. Es un proceso tan interesante como intenso, así que es prácticamente imposible que no adquieras nuevas habilidades o conocimientos 😉
A veces emprendemos un proyecto (entendiendo por proyecto cualquier actividad que sea más de una tarea, desde preparar un examen hasta conseguir un proyecto de investigación millonario) y luchamos muy duro para conseguirlo. Invertimos esfuerzo, sudor y hasta lágrimas, para al final chocarnos contra un muro de decepción. ¿No ha valido para nada? En absoluto. No sería la primera ni la última vez que alguien descubre su vocación de forma inesperada en el desarrollo de algún proyecto personal o profesional.
Tampoco es raro que un proyecto fallido te lleva a un cambio de dirección en tu carrera o te ayude a conocer personas que posteriormente tengan un gran impacto en tu carrera profesional o incluso en tu vida personal.
Pierde el miedo al fracaso
Ya has visto que el fracaso no es tan terrible. No te voy a decir que sea siempre beneficioso, como dicen muchos libros de autoayuda, que parece que casi fuera mejor fracasar que triunfar, pero sí puede ayudarte a mejorar como profesional al convertirte en una persona tenaz, constante y con capacidad de superación.
Además, la oportunidad se esconde en cualquier sitio y con muchas formas. No suele aparecer de la nada. Por eso vas a tener que lanzarte fuera de tu zona de confort, buscar más allá, aventurarte. Pero no es algo sencillo, pues tenemos miedo. No sabemos lo que pasará, no sabemos si podremos afrontarlo y no sabemos si podremos recuperarnos. Y eso nos paraliza. Por ello, para perder ese miedo inherente que todos tenemos al fracaso, debemos seguir una serie de pasos muy sencillos:
1. Definir el miedo
Nuestros miedos más grandes son aquellos que no conocemos, ya que no sabemos enfrentarlos. La incertidumbre es el principal lastre que nos impide avanzar en nuestros proyectos y lanzarnos a realizar otros nuevos. Por eso, si eliminamos la incertidumbre de la ecuación de repente todo es menos terrorífico 😉
Definir nuestros miedos nos ayuda a hacerlos tangibles, evaluables y, por tanto, solucionables. Te pongo un ejemplo sencillo: dar una charla. Mucha gente tiene pánico a hablar en público. Pero, ¿por qué? Porque no saben qué va a pasar. Incertidumbre, parálisis, inacción. Entonces hay que estudiar a qué hay miedo realmente. Cada uno tendrá sus propias razones, pero yo te voy a decir las mías: miedo a equivocarme y a hacer el ridículo.
2. Descubrir cual es el peor escenario posible
Vale, yo ya he encontrado a qué tengo miedo realmente. Ya no es algo genérico como «lo que pueda pasar». Ya sé que me da miedo hacer el ridículo y equivocarme. Entonces toca dar el segundo paso. Ahora tienes que imaginarte qué es lo peor que podría pasarte, lo que considerarías un desastre total y absoluto. De esta forma puedes prepararte para lo peor e incluso buscar posibles soluciones llegado el caso.
Volviendo al ejemplo, mi peor escenario sería quedarme completamente en blanco y no ser capaz de seguir con la exposición. Defraudar no sólo a la audiencia, sino quedar en entredicho mi profesionalidad, especialmente si hay gente importante presente.
Y entonces te toca evaluar el daño real que te puede ocasionar ese escenario. Si eso ocurre y no puedes solventarlo, ¿cómo de grave sería? ¿En una escala de uno a 10, cómo de desastroso seria? Pero hazlo objetiva y razonadamente. En la mayoría de los casos, las repercusiones son muchísimo mejores de lo que esperamos a priori.
En el ejemplo, pues realmente no sería tan grave. Todo el mundo tiene bloqueos en un momento dado y nadie te va juzgar por una única presentación. Si ya tienes una trayectoria demostrada, un pequeño error puntual como ese no tiene repercusiones más allá de pasar un poco de vergüenza. Si no tienes nada demostrado, entonces tienes todo el tiempo por delante para demostrar lo que vales y tu gran profesionalidad 😉
3. Ver cuál es el coste de permanecer igual
No me refiero a un coste monetario (que en según qué proyectos existirá). Sino cualquier tipo de coste, incluidos los emocionales, los profesionales… en cualquier cosa sobre la que te pueda repercutir negativamente.
En nuestro ejemplo, si no doy mi charla me estaré limitando a nivel personal y profesional. No podré hacer ninguna comunicación oral en ningún congreso, no podré dar cursos ni conferencias, ni siquiera exponer resultados a compañeros de trabajo. Muchos trabajos tiene como requisito excelentes habilidades comunicativas.
Pero es que, además, mi miedo a hablar en público irá creciendo y me irá resultando más difícil enfrentarme a él. Porque no es lo mismo dar tu primera charla a tus compañeros de clases que hacerlo en un congreso internacional, con los mejores profesionales de tu campo.
4. Los posibles beneficios que te acarreará
No sólo tienes que ver los costes de no llevar a cabo tu proyecto, sino también los posibles beneficios de realizarlo. Este punto, junto con el anterior, te proporcionarán ese último impulso para dar el salto y decidir lanzarte a realizar tu proyecto.
De nuevo hablando de la charla, dar mi primera charla me sirvió para obtener más seguridad en mí mismo y vencer el miedo a hablar en público. Pero además me permitió aumentar mi currículum vitae con charlas y comunicaciones orales en congresos, por ejemplo. Y todo ello me ha abierto las puertas a la posibilidad impartir cursos en un futuro, por ejemplo.
5. Minimizar las posibilidades de fracaso: el plan B
Una vez que has definido tu miedo y los peores escenarios, y has evaluado costes y beneficios, ahora estás preparado para minimizar los posibles impactos negativos. Por una lado, al tener ya tu problema definido y claro, puedes crear una estrategia que te ayude a evitar ese fracaso.
Por ejemplo, en mi caso, pondría un papel con el esquema de la presentación junto a la botella de agua. Si me quedo en blanco, voy a beber, me tranquilizo y,mientras me sirvo el agua, echo un ojo a las notas sobre el papel. Mientras manipulo la botella y bebo me tranquilizo y puedo recuperar el hilo fácilmente. ¡Y vuelta al ataque!
Pero además, el haber pensado en todos los escenario te permite preparar un plan B para paliar los efectos de ese fracaso si llegase a producirse. En mi caso, si hubiese sido tan desastroso, pues habría pedido poder repetir la charla o me presentaría voluntario la siguiente vez, para demostrar ante todos y ante mí mismo que realmente soy capaz de hacerlo bien.
6. Ríete de ti mismo
Y si todo sale mal… Pues aprovecha y conviértelo en un anécdota que siempre saque unas risas en las reuniones. Tú habrás aprendido mucho antes, durante y después del fracaso y además el hecho de normalizarlo y reírse de uno mismo quita hierro al asunto. Siempre, siempre tenemos que intentar disfrutar de todo lo que hacemos. Hasta de las cosas que hacemos mal.
Y continúa fracasando
Porque siempre serán muchos más los fracasos que los éxitos, o si no todos seríamos multimillonarios y famosos 😛 Pero si fracasas es porque lo estás intentando y sólo ese es el camino hacia el éxito. No tengas miedo a caer porque siempre te levantarás. Los efectos nunca son tan terribles como pensamos y las consecuencias de cada proyecto pueden ser enormemente positivas, incluso en formas que ni siquiera hemos imaginado.
En Biología he sufrido muchos fracasos. En la carrera suspendí algún examen, en más de una charla me he quedado en blanco ante alguna pregunta, me han rechazado un montón de artículos en distintas revistas, no logré la beca FPI la primera vez que la solicité, he mandado cientos de currículos a numerosas ofertas o simples autocandidaturas y en una inmensa mayoría de las veces o me han rechazado amablemente o ni tan siquiera me han contestado. He creado una campaña en Patreon que ha sido un fracaso pues, salvo contadas pero maravillosas aportaciones, no he sabido movilizar a los lectores. Mi primer curso no he podido llegar a impartirlo porque no alcanzó el número mínimo de alumnos. Y antes de este blog llevé casi una decena de ellos (de relatos, de ofertas de trabajo para biólogos, personales, de asociaciones…). Y ninguno de ellos sobrevive.
Pero todo ello me ha enseñado mucho y me han convertido en el profesional que soy hoy en día. Y este blog, al que siguen más de 11400 personas en Facebook y con más de 1200 suscriptores activos, es el resultado de todos esos proyectos que he iniciado y que no funcionaron, así como de los que sí lo hicieron.
Conclusión
El fracaso es parte de la vida y es parte de esta carrera y esta profesión que es la Biología. Si sabes que vas a fracasar y te preparas para enfrentarlo correctamente, encajar los golpes y hasta extraer algo positivo, te será todo mucho más sencillo. Tampoco es cuestión de festejar el fracaso, porque no tiene sentido, pero sí que hay que restarle importancia y asumir que forma parte del currículo de cualquiera. Especialmente de aquellos más aventureros, innovadores e inquietos. Y que mira tú qué casualidad, suelen ser los que triunfan 😉
Así que adelante con todos tus proyectos, grandes o pequeños, y prepárate para fracasar. Porque es de fracasos de lo que está sembrado el camino del éxito, de intentos de encontrar ese sendero que te guiará hasta conseguir tus sueños. ¿Vas a quedarte sin buscarlo? 😉
Y con esta pequeña reflexión termino el post de hoy. Que últimamente se me van de las mano en cuanto a longitud. Si has sido tan valiente como para llegar al final de este post, da el último salto y cuéntame qué te ha parecido. Cuéntame como te enfrentas tú al fracaso. Cuéntame si has conseguido el éxito, si ha sido a la primera o después de numerosas intentonas. Cuéntame aquello que te preocupa y comparte tu historia conmigo y con el resto de los lectores. O comparte este artículo si crees que puede ayudar a alguien. Seguro que entre todos convertimos este post en un éxito 😉
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