Ésta, o cualquiera de sus variantes, es la pregunta que más me han hecho desde que comencé la andadura de este blog. Y es normal. Todos nos lo preguntamos en algún momento de nuestras vidas. Yo mismo me la hice cuando El Bichólogo era tan sólo una pequeña idea revoloteando en mi cabeza.
El tiempo pasa y es algo que no podemos evitar. Siempre existe el temor a perder el tren, a que pase de largo nuestra oportunidad. Con frecuencia pensamos que nuestras decisiones no tienen marcha atrás. Pero te voy a demostrar que eso no es así. Que el tiempo está siempre de nuestro lado. Y desde luego la Biología no es una excepción.
¿Por qué nos saboteamos?
El temor al cambio y el temor al fracaso son algo muy humano. Tendemos a ser conservadores y es una actitud que se recrudece con la edad. ¿Recuerdas tu infancia? ¿Alguna vez pensaste que había algo que no podías hacer entonces? ¿Que habría algo que no podrías hacer en el futuro porque serías demasiado mayor? A esa edad el tiempo no es tan importante y no nos sentimos atados a él.
Otra característica del ser humano es nuestra tendencia a clasificar, a poner etiquetas. Tratamos de poner orden en todo lo que nos rodea. Eso nos da poder, nos da tranquilidad. Por eso tendemos a uniformar aquello que se sale de lo común.
Ambas cosas forman un cóctel explosivo que refrena nuestra creatividad. Son la causa y el origen de los «eso es imposible», «eso no lo hace nadie», «nunca podré hacerlo» o, como en este caso «ya es demasiado tarde para mí».
Es cierto que la vida nos va dando dosis de realidad y vamos aprendiendo que las cosas son tan sencillas como pensábamos cuando éramos críos. Pero párate a pensar y dime: ¿qué experiencia real conoces en la que verdaderamente haya sido demasiado tarde para cambiar?
Nunca es demasiado tarde
Siempre hay tiempo para el cambio si éste es a mejor. Siempre. No lo dudes ni por un instante. No hay nada escrito en piedra. Da igual quién te lo diga y lo que te diga. Los cambios no son sencillos y hay que valorar sus consecuencias. Pero también son sanos, especialmente cuando van encaminados a conseguir nuestra felicidad.
Porque, al final, todo va de eso, de ser feliz. La vida no tiene mucho sentido sin ello, ¿no? Y yo es algo que siempre tuve claro: «Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio«.
Esto no implica que haya que saltar sin red y que todo se vaya a conseguir por el mero hecho de intentarlo. Pero lo que está claro es que, si no lo intentas, nunca sabrás si lo habrías logrado. Y a mí esa incertidumbre, querido lector, me mata 😉
Un poco de historia personal
Para mí han habido dos grandes cambios profesionales que, para ser sincero, me acojonaron. Sí, tal cual. Porque nadie está exento de ese miedo, nadie escapa de esas dudas lógicas que nos atenazan.
El primer gran cambio fue cuando dejé el mundo de la Academia: abandoné la investigación, dejando la tesis a un lado por un tiempo, y me pasé a la empresa privada. Por un lado era una experiencia nueva, excitante. La posibilidad de hacer trabajo de campo de forma casi ininterrumpida me atraía irremisiblemente. Pero llevaba tanto tiempo trabajando en ciencia… No sabía si estaría preparado para el nuevo trabajo, no sabía si realmente me gustaría y si, en caso contrario, podría volver a la universidad. Todo eran dudas, posibilidades, cábalas. Y ninguna certeza.
Por aquel entonces tenía 31 años y mi idea era trabajar en la universidad, donde entre becas, doctorados y demás, llevaba trabajando unos 6 años de forma ininterrumpida y bastantes más colaborando de forma intermitente. Nunca me había planteado otras salidas y temía que, si me iba de la universidad y el nuevo trabajo no me gustaba, ya no podría volver.
Así que, como nada era seguro, decidí aventurarme y salir de dudas. Y he de decirte que estoy totalmente satisfecho de mi decisión. Para bien o para mal, esa época ha ayudado a definir quien soy hoy en día. Y sin la experiencia que adquirí, seguramente este blog nunca habría llegado a existir. ¿Era demasiado tarde para cambiar? 😉
El segundo gran cambio de rumbo es este mismo blog. Hasta el año pasado siempre me había centrado en lo que más conocía: trabajo de campo o gabinete, investigación, la publicación de pósters y artículos científicos… Todo que se supone que debe de hacer un buen biólogo 😛 Pero había otros campos que quería explorar, y además quería que mi trabajo ayudase directamente a la gente. Así que se me ocurrió esta loca idea de El Bichólogo 🙂
Para cuando empezó, se dieron una serie de circunstancias personales que me llevaron a dejar mi trabajo por una temporada, terminar la tesis y, con el tiempo libre que tenía, crear este blog que tan especial se ha vuelto para mí. Era, como ves, un salto importante. Un cambio de rumbo total. Y bueno, con 35 años se es joven, sí. Pero no tanto ya 😛
Algo más de año y medio después puedo decirte que no me arrepiento. Aún no sé qué saldrá de este viraje que he hecho en mi vida laboral, pero desde luego estoy aprendiendo mucho, conociendo mucha gente que pensé que sería imposible conocer y ya me planteo hacer proyectos con los que jamás me habría atrevido antes. ¿Acabará todo bien? Pues no lo sé, pero acabe como acabe, no me habré ido con las manos vacías 😉 Ni con las ganas de saber el desenlace 😛
Pero entonces, ¿aún puedo cambiar?
La respuesta es un sí rotundo, pero con matices. Porque cada persona tiene unas circunstancias únicas que hacen imposible una generalización. Tus objetivos, tus anhelos, tu familia, todo lo que te rodea es distinto a mi propio ambiente y al de cualquier otra persona. Y lo que para mí tiene todo el sentido del mundo quizás para ti no lo tenga. Lo único que está claro en todo esto es que se trata de una decisión que sólo tú debes y puedes tomar. Lo fascinante y lo que más pánico da de todo esto es que toda la responsabilidad está en ti. Si dejas que otros decidan por ti, los errores no serán suyos, sino tuyos. Por tanto, no declines responsabilidades 😉
Siempre has de dejarte aconsejar, por supuesto. Asumir otros puntos de vista, otros enfoques, nutrirte de las experiencias de los demás. Pero finalmente, tú eres la única persona que puede valorar realmente el cambio, los costes y los beneficios que puedes llegar a obtener. La edad es un factor que influye, por supuesto, pero no tanto como tendemos a pensar. Si los cambios tardíos son escasos es porque con la edad vamos perdiendo esa impulsividad de la juventud, porque tenemos miedo a quedarnos sin lo que tenemos, por poco que sea y a pesar de que la recompensa potencial sea mucho mayor. La edad nos hace excesivamente prudentes. Casi cobardes.
Una de las cosas que olvidamos con frecuencia hoy en día, y de la que he hablado muchas veces en el blog, es que hay que perseguir tus sueños. Y si uno descubre su vocación de forma tardía, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué dejar pasar ese tren sólo porque ha llegado unos años más tarde de lo que tú, o la sociedad, cree que es su momento exacto? ¿De verdad crees que hay alguna edad límite para ser feliz?
Todo puede fallar, quizás te equivoques y quizás pierdas algo en el camino (tiempo o dinero, fundamentalmente). Pero si es algo que has planeado bien, si tienes algún tipo de apoyo que te sirva para amortiguar posibles caídas, entonces hay mucho más que ganar que aquello que puedes perder. Tim Ferris habla largo y tendido sobre los miedos que nos impiden los cambios en su libro «La semanal laboral de 4 horas«. Aunque el libro merece una lectura que te recomiendo, yo te voy a resumir brevemente los que yo creo que son los puntos principales:
- Define bien tus miedos: cuando les pones nombre pierden buena parte de su poder 😉
- Piensa en el peor de los escenarios posibles al que te podría llevar ese cambio de dirección y pone una nota del 1 al 10 en la escala que va de «ningún efecto» a «un cambio permanente e importante» .
- Piensa en el mejor de los escenarios y puntúa los beneficios de la misma forma que en el punto anterior.
- Crea un «plan de fuga» que te permita mitigar esos posibles daños del peor de los escenarios y que te ayude a volver a tu situación inicial
Como verás si haces este pequeño ejercicio, la edad que tengas no tiene mucha influencia en el resultado final. Probablemente, te darás cuenta que los miedos no dan tanto miedo, que en este tipo de decisiones los efectos positivos son mucho mayores que los negativos y que, en general (aunque haya excepciones) no es tan difícil volver a la situación inicial si la cosa va muy mal 😛 Y si, por el contrario, ves que los riesgos no compensan los beneficios… Pues también tienes resuelto tu dilema.
Comprúebalo 😉
Concluyendo
La edad no es un factor limitante en ningún caso. Siempre tememos lo peor, pero lo peor no sólo ocurre muy pocas veces, sino que en la inmensa mayoría de ellas es fácil preverlo y trazar un plan alternativo que nos permita volver a la situación original si es que todo sale mal. La edad debería darnos mayor amplitud de miras, nuevos enfoques, y no traernos miedos e imponernos límites. Así que, por favor, que nunca se eso lo que te frene. Ya hay bastante problemas en la vida como para que nos inventemos otros nuevos 😉
Finalmente, mucha gente me ha dicho a lo largo de mi vida que no tengo los pies en el suelo, que soy un soñador, un idealista o que todo eso está muy bien sobre el papel, pero que la realidad es bien distinta. Yo lo único que sé es que siempre he conseguido todo lo que he querido hasta ahora, con dedicación, esfuerzo y tiempo. No siempre en el momento que me habría gustado, porque los milagros y las recetas mágicas del éxito no existen. Pero he hecho muchas cosas que antes pensaba que estaban fuera de mi alcance por distintas razones. Porque al final, todo se reduce a una cosa: intentar aquello que más te gusta. Y si no hay edad para soñar, ¿por qué ha de haberla para hacer esos sueños realidad?
Y hasta aquí el artículo de hoy. Puede que haya sido algo disperso, pero es un tema recurrente en los correos que me envían algunos lectores, así que he querido compartir públicamente esta reflexión y aportar un poco de mi experiencia personal. Pero ahora me gustaría que tú me contases la tuya: ¿alguna vez te has hecho la misma pregunta que da título al post? ¿Has dado un giro radical a tu vida en algún momento que se pueda considerar tarde? ¿Qué beneficios te aportó? ¿Qué costes tuvo? Estoy deseando conocer tu opinión, así que deja un comentario o mándame un correo 😉
19 comments