diciembre 30

¿Soy demasiado mayor para cambiar?

19  comments

Ésta, o cualquiera de sus variantes, es la pregunta que más me han hecho desde que comencé la andadura de este blog. Y es normal. Todos nos lo preguntamos en algún momento de nuestras vidas. Yo mismo me la hice cuando El Bichólogo era tan sólo una pequeña idea revoloteando en mi cabeza.

Siempre hay tiempo para una cambio

El tiempo pasa y es algo que no podemos evitar. Siempre existe el temor a perder el tren, a que pase de largo nuestra oportunidad. Con frecuencia pensamos que nuestras decisiones no tienen  marcha atrás. Pero te voy a demostrar que eso no es así. Que el tiempo está siempre de nuestro lado. Y desde luego la Biología no es una excepción.

¿Por qué nos saboteamos?

El temor al cambio y el temor al fracaso son algo muy humano. Tendemos a ser conservadores y es una actitud que se recrudece con la edad. ¿Recuerdas tu infancia? ¿Alguna vez pensaste que había algo que no podías hacer entonces? ¿Que habría algo que no podrías hacer en el futuro porque serías demasiado mayor? A esa edad el tiempo no es tan importante y no nos sentimos atados a él.

Otra característica del ser humano es nuestra tendencia a clasificar, a poner etiquetas. Tratamos de poner orden en todo lo que nos rodea. Eso nos da poder, nos da tranquilidad. Por eso tendemos a uniformar aquello que se sale de lo común.

Ambas cosas forman un cóctel explosivo que refrena nuestra creatividad. Son la causa y el origen de los “eso es imposible”, “eso no lo hace nadie”, “nunca podré hacerlo” o, como en este caso “ya es demasiado tarde para mí”.

Es cierto que la vida nos va dando dosis de realidad y vamos aprendiendo que las cosas son tan sencillas como pensábamos cuando éramos críos. Pero párate a pensar y dime: ¿qué experiencia real conoces en la que verdaderamente haya sido demasiado tarde para cambiar?

Nunca es demasiado tarde

Siempre hay tiempo para el cambio si éste es a mejor. Siempre. No lo dudes ni por un instante. No hay nada escrito en piedra. Da igual quién te lo diga y lo que te diga. Los cambios no son sencillos y hay que valorar sus consecuencias. Pero también son sanos, especialmente cuando van encaminados a conseguir nuestra felicidad.

Porque, al final, todo va de eso, de ser feliz. La vida no tiene mucho sentido sin ello, ¿no? Y yo es algo que siempre tuve claro: “Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio“.

Esto no implica que haya que saltar sin red y que todo se vaya a conseguir por el mero hecho de intentarlo. Pero lo que está claro es que, si no lo intentas, nunca sabrás si lo habrías logrado. Y a mí esa incertidumbre, querido lector, me mata 😉

Un poco de historia personal

Para mí han habido dos grandes cambios profesionales que, para ser sincero, me acojonaron. Sí, tal cual. Porque nadie está exento de ese miedo, nadie escapa de esas dudas lógicas que nos atenazan.

El primer gran cambio fue cuando dejé el mundo de la Academia: abandoné la investigación, dejando la tesis a un lado por un tiempo, y me pasé a la empresa privada. Por un lado era una experiencia nueva, excitante. La posibilidad de hacer trabajo de campo de forma casi ininterrumpida me atraía irremisiblemente. Pero llevaba tanto tiempo trabajando en ciencia… No sabía si estaría preparado para el nuevo trabajo, no sabía si realmente me gustaría y si, en caso contrario, podría volver a la universidad. Todo eran dudas, posibilidades, cábalas. Y ninguna certeza.

Por aquel entonces tenía 31 años y mi idea era trabajar en la universidad, donde entre becas, doctorados y demás, llevaba trabajando unos 6 años de forma ininterrumpida y bastantes más colaborando de forma intermitente. Nunca me había planteado otras salidas y temía que, si me iba de la universidad y el nuevo trabajo no me gustaba, ya no podría volver.

Así que, como nada era seguro, decidí aventurarme y salir de dudas. Y he de decirte que estoy totalmente satisfecho de mi decisión. Para bien o para mal, esa época ha ayudado a definir quien soy hoy en día. Y sin la experiencia que adquirí, seguramente este blog nunca habría llegado a existir. ¿Era demasiado tarde para cambiar? 😉

El segundo gran cambio de rumbo es este mismo blog. Hasta el año pasado siempre me había centrado en lo que más conocía: trabajo de campo o gabinete, investigación, la publicación de pósters y artículos científicos… Todo que se supone que debe de hacer un buen biólogo 😛 Pero había otros campos que quería explorar, y además quería que mi trabajo ayudase directamente a la gente. Así que se me ocurrió esta loca idea de El Bichólogo 🙂

Para cuando empezó, se dieron una serie de circunstancias personales que me llevaron a dejar mi trabajo por una temporada, terminar la tesis y, con el tiempo libre que tenía, crear este blog que tan especial se ha vuelto para mí. Era, como ves, un salto importante. Un cambio de rumbo total. Y bueno, con 35 años se es joven, sí. Pero no tanto ya 😛

Algo más de año y medio después puedo decirte que no me arrepiento. Aún no sé qué saldrá de este viraje que he hecho en mi vida laboral, pero desde luego estoy aprendiendo mucho, conociendo mucha gente que pensé que sería imposible conocer y ya me planteo hacer proyectos con los que jamás me habría atrevido antes. ¿Acabará todo bien? Pues no lo sé, pero acabe como acabe, no me habré ido con las manos vacías 😉 Ni con las ganas de saber el desenlace 😛

Pero entonces, ¿aún puedo cambiar?

La respuesta es un sí rotundo, pero con matices. Porque cada persona tiene unas circunstancias únicas que hacen imposible una generalización. Tus objetivos, tus anhelos, tu familia, todo lo que te rodea es distinto a mi propio ambiente y al de cualquier otra persona. Y lo que para mí tiene todo el sentido del mundo quizás para ti no lo tenga. Lo único que está claro en todo esto es que se trata de una decisión que sólo tú debes y puedes tomar. Lo fascinante y lo que más pánico da de todo esto es que toda la responsabilidad está en ti. Si dejas que otros decidan por ti, los errores no serán suyos, sino tuyos. Por tanto, no declines responsabilidades 😉

Siempre has de dejarte aconsejar, por supuesto. Asumir otros puntos de vista, otros enfoques, nutrirte de las experiencias de los demás. Pero finalmente, tú eres la única persona que puede valorar realmente el cambio, los costes y los beneficios que puedes llegar a obtener. La edad es un factor que influye, por supuesto, pero no tanto como tendemos a pensar. Si los cambios tardíos son escasos es porque con la edad vamos perdiendo esa impulsividad de la juventud, porque tenemos miedo a quedarnos sin lo que tenemos, por poco que sea y a pesar de que la recompensa potencial sea mucho mayor. La edad nos hace excesivamente prudentes. Casi cobardes.

Una de las cosas que olvidamos con frecuencia hoy en día, y de la que he hablado muchas veces en el blog, es que hay que perseguir tus sueños. Y si uno descubre su vocación de forma tardía, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué dejar pasar ese tren sólo porque ha llegado unos años más tarde de lo que tú, o la sociedad, cree que es su momento exacto? ¿De verdad crees que hay alguna edad límite para ser feliz?

Todo puede fallar, quizás te equivoques y quizás pierdas algo en el camino (tiempo o dinero, fundamentalmente). Pero si es algo que has planeado bien, si tienes algún tipo de apoyo que te sirva para amortiguar posibles caídas, entonces hay mucho más que ganar que aquello que puedes perder.  Tim Ferris habla largo y tendido sobre los miedos que nos impiden los cambios en su libro “La semanal laboral de 4 horas“. Aunque el libro merece una lectura que te recomiendo, yo te voy a resumir brevemente los que yo creo que son los puntos principales:

  • Define bien tus miedos: cuando les pones nombre pierden buena parte de su poder 😉
  • Piensa en el peor de los escenarios posibles al que te podría llevar ese cambio de dirección y pone una nota del 1 al 10 en la escala que va de “ningún efecto” a “un cambio permanente e importante” .
  • Piensa en el mejor de los escenarios y puntúa los beneficios de la misma forma que en el punto anterior.
  • Crea un “plan de fuga” que te permita mitigar esos posibles daños del peor de los escenarios y que te ayude a volver a tu situación inicial

Como verás si haces este pequeño ejercicio, la edad que tengas no tiene mucha influencia en el resultado final. Probablemente, te darás cuenta que los miedos no dan tanto miedo, que en este tipo de decisiones los efectos positivos son mucho mayores que los negativos y que, en general (aunque haya excepciones) no es tan difícil volver a la situación inicial si la cosa va muy mal 😛 Y si, por el contrario, ves que los riesgos no compensan los beneficios… Pues también tienes resuelto tu dilema.

Comprúebalo 😉

Concluyendo

La edad no es un factor limitante en ningún caso. Siempre tememos lo peor, pero lo peor no sólo ocurre muy pocas veces, sino que en la inmensa mayoría de ellas es fácil preverlo y trazar un plan alternativo que nos permita volver a la situación original si es que todo sale mal. La edad debería darnos mayor amplitud de miras, nuevos enfoques, y no traernos miedos e imponernos límites. Así que, por favor, que nunca se eso lo que te frene. Ya hay bastante problemas en la vida como para que nos inventemos otros nuevos 😉

Finalmente, mucha gente me ha dicho a lo largo de mi vida que no tengo los pies en el suelo, que soy un soñador, un idealista o que todo eso está muy bien sobre el papel, pero que la realidad es bien distinta. Yo lo único que sé es que siempre he conseguido todo lo que he querido hasta ahora, con dedicación, esfuerzo y tiempo. No siempre en el momento que  me habría gustado, porque los milagros y las recetas mágicas del éxito no existen. Pero he hecho muchas cosas que antes pensaba que estaban fuera de mi alcance por distintas razones. Porque al final, todo se reduce a una cosa: intentar aquello que más te gusta. Y si no hay edad para soñar, ¿por qué ha de haberla para hacer esos sueños realidad?

Y hasta aquí el artículo de hoy. Puede que haya sido algo disperso, pero es un tema recurrente en los correos que me envían algunos lectores, así que he querido compartir públicamente esta reflexión y aportar un poco de mi experiencia personal. Pero ahora me gustaría que tú me contases la tuya: ¿alguna vez te has hecho la misma pregunta que da título al post? ¿Has dado un giro radical a tu vida en algún momento que se pueda considerar tarde? ¿Qué beneficios te aportó? ¿Qué costes tuvo? Estoy deseando conocer tu opinión, así que deja un comentario o mándame un correo 😉

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Tags

biología, biólogos, cambio, dudas, motivación, orientación


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  1. Conocí tu blog por casualidad y me pareció muy interesante así qué comencé a leer con más y más curiosidad tus publicaciones.
    Primero me disculpo por mi castellano pero aún estoy perfeccionando (vivo en España desde unos meses). En segundo lugar, ¡gracias! Tus palabras me han dado una nueva energía que estuve perdiendo últimamente…No quiero aburrirte con toda mi historia, solo decirte que estoy pensando en volver a mi primer amor (biología marina) y, por supuesto, la verdadera pregunta en mi cabeza es si todavía estoy a tiempo. Hoy puedo decir que sí, o al menos todavía estoy a tiempo para probarlo. Desde que viví aquí aprendí algo fundamental, un concepto que se puede resumir en “la calidad de mi vida” … va más allá del trabajo, del dinero, de las responsabilidades y en nombre de la calidad de mi vida seguro que estoy en tiempo!

    Un saludo con mucha estima,

    Anna.

    Reply

    1. ¡Hola Anna!

      Muchas gracias por tu comentario y me alegro de que te guste el blog. ¿Y qué más te puedo decir que no hayas dicho tú ya? Todo se resume perfectamente en la calidad de vida que has comentado. La vida es sólo una, y muy corta, por cierto 😛 Por eso hay que disfrutarla al máximo, hay que vivirla.

      Y, al menos para mí, la biología es mi forma de vida. Por eso nunca es tarde para dedicarla tiempo a mejorar tu vida 😉

      ¡Un saludo y mucha suerte!

      Reply

  2. Que lindo blog!!! Lo.encontre buscando información sobre los.biólogos y que hacen en realidad porque mi hija de 9 años.quiere ser.bióloga. Desde los 6 años que.hizo una presentación en la escuela que tiene esta meta. Pasa gran parte del día en su sueño de ser. Biologa. En realidad yo habíamos pensado que le.gustaría la veterinaria…pero no ella quiere ser bióloga. Mira la tele y.cuando escucha que alguien es biólogo ahí se queda. Ahora empezó a leer este blog y ahí vamos.como buenos padres apoyándola en la vida.
    Me.encanto leerte y conocer tu experiencia.
    Muchas.gracias!!!

    Reply

    1. ¡Hola!

      A mí me encanta ver como la apoyáis en hacer realidad su sueño 😉 Cualquier pregunta que ella tenga (o vosotros, como padres) acerca de la profesión y la carrera, no dudéis en enviármela por correo electrónico y trataré de ayudaros en la medida de mis posibilidades a resolverla 😉

      ¡Un saludo y bienvenidos al blog!

      Reply

  3. Hola! Muchas gracias por el post creo que es de gran ayuda para toda esa gente que como a mí la edad nos frena un poco, yo tengo 28 años y estoy pensando en retomar la carrera de biología de la cual me quedan dos años para terminar. Mi miedo es si con 30 años y sin experiencia me va a resultar un poco difícil adentrarme en el mundo laboral de un biólogo, pero mi pasión es la microbiología, me ha costado un poco darme cuenta y por ello que en mi cabeza ronda esta posibilidad.
    Muchas gracias por tus palabras seguro nos anime a todos!!

    Reply

    1. ¡Hola Sandra!

      Me alegro mucho de que te haya gustado el post y te haya resultado útil. Yo creo firmemente que nunca es tarde para hacer lo que nos gusta. Y si no es exactamente eso, lo más parecido. Con dos años de carrera que te quedan yo me lanzaba a la piscina, aunque sea compatibilizándolo con otro trabajo si necesitas mantenerte. Y para adquirir experiencia, intenta colaborar en un grupo de investigación, publicar algo, algunas práctica en algún laboratorio… Tendrás que esforzarte más, pero desde luego nunca es tarde 😉

      Mucho ánimo con lo que decidas y ya nos contarás. ¡Un saludo!

      Reply

  4. Yo también creo que nunca es tarde, pero hay una serie de factores, complicados que son los que nos limitan dentro de nuestra zona de confort. Hace mucho, mucho tiempo que busco un cambio, pero una de las principales preguntas que me planteo es: qué quiero hacer? Y cómo lo consigo? La verdad, envidio las personas que tienen claro qué es lo que quieren “ser” o de lo que quieren trabajar y son capaces de dejar atrás otras cosas para conseguirlo.

    Yo tengo una idea vaga de lo que me gustaría hacer, pero me planteo:
    – Estoy dispuesta a renunciar a mi gente/pareja/familia? (en caso que fuera un trabajo que necesitara movilidad). El trabajo es algo que nos produce felicidad, pero también la pareja, hijos.. qué hacer si te sientes atrapado?
    – Vale la pena invertir dinero y tiempo en una formación para algo que no sé si encontraré trabajo, y lo más importante, luego quizá ese trabajo no era lo que esperaba?
    – Encontrar un trabajo que me guste pero que no me permita vivir tranquila (pagar un alquiler, por ejemplo) o trabajar en algo que bueno, quizá no era mi sueño pero me de una tranquilidad económica?

    Muy difícil todo…

    Reply

    1. ¡Hola Mireia!

      Estoy totalmente de acuerdo contigo. De hecho, es algo que siempre digo a la gente que tiene dudas sobre el tema: nunca es tarde para cambiar, pero todo depende de tus circunstancias personales. Por eso insisto siempre que se trata de una decisión muy personal, ya que implica una serie de compromisos y sacrificios. Y no todo el mundo está dispuesto a hacerlos o a apostar por algo sobre lo que no existe una cierta seguridad.

      Respecto a lo que tú dices, yo creo que no es tan importante saber a lo que quieres dedicarte toda tu vida como el hecho de tener un objetivo en mente. El tener una meta fija nos sirve como brújula, para no ir dando bandazos. Siempre es más fácil internarse en un camino en el bosque cuando sabes dónde te va a llevar 😉

      Y es cierto que conseguir un determinado objetivo puede conllevar una serie de sacrificios, sí. Pero a menudo ocurre que los objetivos que nos fijamos no son los que realmente perseguimos. Tomando el ejemplo que comentabas: no es lo mismo que tu objetivo sea trabajar en algo determinado a que sea el tener una familia, viviendo en tu ciudad y sin agobios económicos. En el primero caso quizás tengas que sacrificar amigos para irte fuera, convencer a tu pareja, etc… En el segundo, sin embargo, el trabajo sería sólo un medio para conseguir tu fin, entonces no necesitarías un trabajo apasionante, simplemente que te proporcionase una estabilidad económica.

      La realidad no es tan sencilla, y nuestros objetivos suelen ser más complejos. Pero muchos problemas vienen porque no están bien definidos y nos pasamos la vida persiguiendo una cosa para darnos cuenta que nos falta otra, que era la que realmente buscábamos.

      Al final, para mí, todo se reduce a ser feliz. Y las cosas que te hacen feliz van cambiando con el tiempo. Así que los objetivos de cada uno también lo hacen. Por eso los cambios no sólo son beneficiosos, sino también imprescindibles, si es que queremos tener una vida plena 😉

      Trabaja esa idea vaga de lo que quieres hacer, haz un esbozo completo, analiza tu punto de partida y, una vez que sepas a donde quieres llegar, ve dando pasos pequeños, fáciles, que te llevarán inmediatamente a otros y así, poco a poco, irás avanzando.

      A menudo dejamos de hacer cosas porque nos parecen imposibles y es cuestión de ir avanzando, poco a poco y de forma constante, hacia nuestro objetivo.

      Y ya dejo de darte la brasa, que me enrollo como una persiana 😛

      No te desanimes y sigue luchando por tus sueños, sean cuales sean 😉

      Reply

  5. Feliz año Nacho. Pue bien yo soy un veterano que cumplí el ciclo en investigación y desarrollo en acuacultura. Pero siempre me quedó un espina. Dejé todo eso y estoy de vuelta en la docencia, dejé mis clases en el posgrado y ahora soy docente en la licenciatura. Pienso dedicarme unos cinco años a los invertebrados marinos y después ju ilarme. Dí el primer paso y soy feliz de vuelta a mis origenes después de 30 años. En serio nunca es tarde. Un abrazo desde LA Universidad de Sonora en México.
    Eduardo Aguirre

    Reply

  6. Feliz año Nacho!!!

    Muy bueno el post, creo que muchísima gente se hace la pregunta de tu título por lo que seguro te agradecerán todas estas reflexiones y consejos!
    Por mi parte, ¡qué decirte! El mayor miedo que tuve siempre fue quedarme sin cumplir mis sueños; y como bien dices, es un gran paso ponerle nombre a los miedos para poder vencerlos.
    Nunca es tarde para cambiar de rumbo, los cambios siempre nos traen cosas buenas! Sin duda!

    Un abrazo desde Iguazú!

    Reply

    1. ¡Hola Silvia!

      Yo creo que ese debería ser nuestro único “miedo”: no perseguir aquellas cosas que siempre deseamos. Y tú eres el vivo ejemplo de que se puede conseguir lo que uno quiere 😉

      ¡Un fuerte abrazo desde España! Y espero que en el 2017 nos puedas traer grandes y buenas noticias sobre el yaguareté 😉

      Reply

  7. ¡FELIZ AÑO NUEVO! Y al igual que dice Yurena, no podías haber empezado mejor el año compartiendo tan valiosa reflexión… 🙂

    Como bien dices, parece que somos muchos los que nos planteamos los cambios de rumbo…
    Me gustaría compartir mi caso porque creo que puede resultar algo particular: en 2013 me quedé estancada por circunstancias personales y por otro lado la crisis puso de su parte también (soy arquitecto técnico). Monté mi pequeña tienda online de algo que me gusta pero al cabo del tiempo (un año y medio) necesitaba dinero… Quise coger impulso y buscar trabajo y estaba perdidísima, pensaba en mis pasiones y gustos (uno de ellos la biología)… y tracé un pequeño plan: para dar cualquier paso lo primero que tenía que hacer era conseguir un trabajo porque necesitaba dinero para poder formarme. Y de la manera mas tonta me empecé formando en un plazo 3 meses en algo que no me gustaba pero me garantizaba un puesto de trabajo. Y así sucedió. Después de un año trabajando, me di cuenta que lo hice mal… El plan funcionó, pero me enfoqué mal: conseguí trabajo, sí (y no es poco hoy en día), pero no me enfoqué en hacer lo que me gustaba… y gasté el poco dinero que tenía y tiempo. Y vuelvo a estar como al principio… perdida y sin trabajo de nuevo. Desde luego he aprendido mucho de muchas cosas, pero principalmente de mí misma. Ahora vuelvo a intentar buscar ese camino de felicidad y ver cómo cojo al toro por los cuernos que lo tengo un poco “desbocao” XD

    Nunca creo que sea tarde para buscar lo que nos de ilusión y energía. Más de una vez he escuchado “el trabajo es trabajo, no pretendas disfrutar en él; si no con lo que tienes fuera de él”… ¿POR QUÉ? La vida no es un camino de rosas, ¿por qué además hay que conformarse?

    También añadir que el apoyo de las personas que te rodean es súper importante, pero no lo único importante… ya que a veces te dejas llevar por consejos o comentarios que los demás creen que son por tu bien, y al final te das cuenta que sólo tú sabes lo que realmente te hace bien. Es bueno escuchar y meditar, pero más lo es saber qué quieres hacer porque sin eso no vas a ninguna parte.

    Uno de mis fines ahora es saber hacia dónde dirigirme, soy de esas personas a las que le gustan varias cosas… Para calmar esa inquietud un poco me estoy leyendo “El Elemento”.

    Gracias por tus artículos y ojalá que mi comentario pueda servir como ánimo o aprendizaje a otras personas.

    Un saludo!!

    Reply

    1. ¡Hola Ana!

      Como veo que estás pasando por una racha algo durilla, sobre todo en lo relacionado con la toma de decisiones, los “fracasos”, la influencia de las personas que nos rodean y otros quebraderos de cabeza por los que hemos pasado muchos/as; con el permiso de Nacho voy a aprovechar que estás leyendo sobre estos temas para recomendarte un libro que le podrías pedir a los Reyes (aún estás a tiempo, jeje). Es “La inteligencia del éxito” de Anxo Pérez. Es ameno, tiene claves muy buenas y su protagonista/autor es español 😉 Espero que te ayude a descubrirte y tomar las riendas de tu vida.

      Saludos!
      Yurena

      Reply

      1. Mil gracias por tus palabras Yurena!!! Me apunto el libro en mi carta de Reyes Magos corriendo 🙂

        Un abrazo y Feliz Navidad!

        Reply

      2. Para ayudarnos unos a otros en este blog nunca hay que pedir permiso, Yurena 😛 Cuando empecé el blog este era mi rincón, pero ahora también pertenece a cada uno de los que lo leéis y que participáis de él, compartiendo vuestras experiencias y vuestras opiniones.

        Un saludo y me apunto yo también el libro para echarle un vistazo 😉 😛

        Reply

    2. ¡Hola, Ana!

      Como bien dices, nunca es tarde para perseguir tus sueños. Y por supuesto que un trabajo no sólo podría hacerte feliz, sino que debería. El problema es que nos hemos convencido de hay que vivir para trabajar, cuando el trabajo debería ser un medio, y no un fin en sí mismo. El trabajo no sólo debe aportar medios económicos, sino un desarrollo profesional.

      Y el hecho de que te gusten muchas cosas no es malo, más bien al contrario. Tienes muchas opciones que puedes probar, en las que puedes disfrutar y encontrar tu verdadera vocación. Simplemente necesitas pararte un momento, tomar perspectiva de donde estás, a dónde quieres ir y con qué “equipaje” partes. Y una vez que tengas claras esas cosas, es mucho más fácil elegir un camino, formarte en determinadas áreas o establecer una estrategia que, paso a paso, te acerque hacia tu objetivo: ser feliz 😉

      Muchas gracias por compartir tu historia con todos nosotros.

      Un fuerte abrazo y muchísima suerte con todos tus proyectos. Y si te apetece, si encuentras tu camino, ven y cuéntanoslo 😉

      Reply

  8. ¡Feliz Año Nuevo! No podías haber publicado mejor post para comenzar el año…;-)

    Por supuesto, comparto tu opinión, porque soy una gran defensora del “Si no te hace feliz, cambia de estrategia”. Que conste que predico con el ejemplo, por lo que puedo permitirme el lujo de decir que detrás de todo cambio hay un gran aprendizaje, a pesar de que en un principio no lo parezca.

    Tengo un familiar muy cercano que es mi claro ejemplo de que los límites sólo están en nuestra mente. Se quedó desempleado con más de 50 años, emprendió y salió bien, pero decidió aparcarlo porque le ofrecieron varios puestos en diferentes empresas. No estamos hablando de una persona con titulación superior, máster, idiomas, etc. Pero sí tiene unas habilidades sociales y comunicativas muy buenas, muchos contactos a los que siempre ha “mimado” y una gran predisposición.

    Creo que cuando nuestra vida nos está pidiendo un cambio es señal de que realmente lo necesitamos y va a enriquecernos como persona y como profesional. Así que, mucho ánimo con esos cambios!

    Saludos
    Yurena

    Reply

    1. ¡Hola Yurena!

      Absolutamente de acuerdo contigo, desde luego. Además, has dicho algo muy importante que sobre lo que no me canso de incidir (aunque a lo mejor sí que os cansáis de escuchármelo :P): tu red de contactos es ESENCIAL. Hay que cultivarla desde el principio, mimarla y hacerla crecer. Es una de las mejores herramientas laborales que existen hoy en día.

      Y sigue viviendo y compartiendo esa filosofía tuya de vida, Yurena 😉

      ¡Un saludo!

      Reply

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